Contra las evidencias más elementales

A propósito del segundo aniversario de la muerte de Nisman que se cumple mañana, el fiscal Taiano y la jueza Arroyo Salgado, ex mujer del fiscal, adelantaron que se está reviendo cuál fue el momento del deceso, contradiciendo lo que dice el expediente.

La coalición política-judicial-mediática viene utilizando la semana aniversario de la muerte de Alberto Nisman para tratar de arrasar hasta con las evidencias más elementales que figuran en la causa judicial. Desde la fiscalía de Eduardo Taiano, que instruye el expediente actualmente, hicieron trascender que están reviendo la data de muerte de Nisman: en lugar de situar la hora del deceso el domingo 18 de enero de 2015 entre la mañana y el mediodía –afirmado por 13 de los 15 forenses que intervinieron–, pretenden de instalar que Nisman murió (para ellos asesinado) el sábado 17 de enero por la tarde. El tema es clave porque la ex pareja de Nisman, la jueza Sandra Arroyo Salgado, viene impulsando la acusación contra el informático Diego Lagomarsino, quien dejó la torre Le Parc el sábado a las 20.30. Un dato insólito es que Arroyo Salgado sostuvo este fin de semana que va a probar que a Nisman lo asesinaron “por pruebas que están en el expediente y por otras que tenemos y que presentaremos en el momento oportuno”. Es decir, que una jueza no sólo acusa a una persona de asesinato sino que admite públicamente que está ocultando pruebas.

Data

La data de muerte fue establecida en tres instancias distintas, todas coincidentes.

En primer lugar, Gabriela Piroso, médica policial que revisó el cuerpo  ni bien se produzco el hallazgo del cadáver, dictaminó que Nisman llevaba unas 12 horas muerto. Dado que tomó contacto con el cuerpo a las 24 de ese domingo 18 de enero, la data que estableció es cercana al mediodía del domingo.

También fijó hora de muerte la autopsia que hicieron los forenses del Cuerpo Médico. El estudio fue firmado por Héctor Di Salvo, uno de los especialistas más experimentados, y concluyó también que la muerte se produjo entre la mañana y el mediodía de aquel domingo. La autopsia se hizo a las 8 de la mañana del lunes 19 de enero y a esa hora el cuerpo todavía tenía rigidez cadavérica. Eso significa que la muerte, como se señaló en el informe, se produjo 24 horas antes o en un período aún más cercano a la autopsia. El rango siempre se corresponde con la mañana y el mediodía del domingo.

El tercer dictamen fue firmado por 13 de los 15 integrantes de la Junta Médica que ordenaron la jueza Fabiana Palmaghini y la fiscal Viviana Fein. Casi todos los profesionales fueron designados por el Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema. Incluso, el decano de ese cuerpo concurrió al despacho del titular del máximo tribunal, Ricardo Lorenzetti. Es decir, que no fueron forenses designados por el anterior gobierno sino por un cuerpo dependiente de la Corte. Entre los profesionales estuvo Fernando Trezza, máximo referente argentino en lo que se refiere a data de muerte, al punto que los forenses utilizan su libro en las autopsias. Incluso los médicos que representaron a Arroyo Salgado, Osvaldo Raffo y Julio Ravioli, utilizaron el texto de Trezza aunque en forma equivocada. Según las más recientes tablas en las que se utiliza el nivel de potasio en el humor vítreo para calcular las datas de muerte, se ubicó el deceso, como muy temprano, a las 9 de la mañana, y como muy tarde, el mediodía del domingo.

Desesperación

La alianza entre el fiscal Taiano y la jueza Arroyo Salgado está tratando de borrar esos dictámenes corriendo la muerte hacia el sábado al atardecer, momento en que  Lagomarsino estaba en la torre Le Parc.

Arroyo Salgado se despachó este fin de semana afirmando que Lagomarsino tuvo que ver con el plan criminal. Es decir, que una jueza acusó de homicidio a una persona sin que éste estuviera ni siquiera procesado por semejante delito. A esto se agrega que la magistrada presionó claramente a la nueva junta interdisciplinaria, integrada por 27 integrantes de la Gendarmería, señalando que esperaba que dictaminaran que fue homicidio. Y, finalmente, mencionó que se probará la hipótesis del asesinato “por elementos que hay en el expediente y otras que presentaremos en el momento oportuno”. O sea que la jueza y su equipo esconden pruebas.

Todo el proceso actual consiste en tratar de borrar las pericias médicas, balísticas y criminalísticas para dejar las cosas en una bruma y sobre esa base señalar que es posible que se haya tratado de un homicidio o variantes semejantes, sobre las que no hay una sola prueba. Para ello cambiaron todos los peritos, poniendo a los de Gendarmería, y resulta asombroso que en la nómina ni siquiera haya un tanatólogo, los forenses especialistas en analizar hora y circunstancias de la muerte.

Llamadas

Un dato curioso es que la querella que encabeza Arroyo quiere utilizar como base de su nueva data de muerte el hecho de que Nisman no utilizó su celular después de las 21 del sábado. Es un terreno ambiguo, que no tiene nada de científico, ya que se basa en una especulación sobre el estado de ánimo del fiscal. Nadie sabe realmente cómo se sentía ni las razones por las que no se comunicó con nadie.

Sin embargo, hay montañas de evidencias de que el domingo a la mañana el fiscal revisó su correo de Yahoo, miró el Instagram de M.E,, una modelo con la que había estado tres días antes, leyó una nota de PáginaI12 sobre la denuncia que había presentado y entró en Infobae a una nota de Claudio María Domínguez sobre el regreso de la muerte. La querella trata de instalar que nada de eso se pudo verificar, pero la evidencia es arrasadora. Hubo un proceso de borrado posterior –está en duda si se hizo en Le Parc o de forma remota–, pero los ingresos de la mañana del domingo están verificados. A las 7.32, cuando leyó este diario, Nisman estaba vivo, porque entró al servidor desde la dirección IP de Puerto Madero.

Política

La base de todas las movidas del segundo aniversario de la muerte de Nisman, que se cumple mañana, es la alianza político-judicial-mediática. El objetivo es usar el caso contra el gobierno anterior y contra la ex presidenta Cristina Kirchner.

El punto más extraño es la acusación a Lagomarsino. El informático se convertiría así en uno de los personajes más torpes de la historia. Si fue parte de un plan criminal, no se entiende que haya usado una pistola vieja, sin uso, y a nombre suyo. Si Lagomarsino estuvo en el departamento en el momento en que mataron a Nisman, no se entiende cómo no se llevó el arma, cómo lo dejó en la escena de la muerte, si es una pistola que estaba inscripta a su nombre. Todo es contradictorio con la idea de un super-comando sofisticado iraní-venezolano con apoyo kirchnerista, como el que se pretende inventar, sin prueba alguna.

Las contradicciones no parecen importar. Lo trascendente para la alianza política-judicial-mediática, con anclaje en las derechas de Estados Unidos e Israel, es acusar a lo que ellos llaman “los gobiernos populistas” que se salieron de la horma marcada por el poder internacional.

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