A 29 años de Milonga, el personaje entrañable de Lima.

 

EL 10 de Noviembre, Día de la Tradición, se cumplieron 29 años del fallecimiento del personaje sátiro de nuestro pueblo, “Milonga”. Recordado por generaciones  enteras

Aquí compartimos un fragmento publicado en la edicion nº 4 del suplemento “Los Tiempos Idos”, el trabajo colectivo que mes a mes acompaña a Infonos, reconstruyendo la historia local con el aporte de vecinos.

De nombre, Aníbal Nieves, pero lo conocemos por “MILONGA”. Personaje ilustre de nuestro acervo pueblerino. La ternura y la inocencia fue su merito, para ser hoy en día, un símbolo que identifica al Lima que hace unas décadas fue. Su domicilio siempre fue en un caserón en la calle 10 entre 5 y 3, que todavía está en pie, cerca de la cancha del Lima Football Club.
Lo recuerdo cuando salía a vender los diarios del kiosco de Otálora, el que estaba ubicado en la esquina de la plaza en Av 11 y 10. Él, era el canillita y como no conocía el dinero, por la figura de las monedas decía lo que costaba un diario:” un caballito y un barquito”.
Los sábados por las mañanas, se dirigía a la estación para traer las bolsas de las películas que se pasarían en el cine Italia y lo recuerdo… si que lo recuerdo. Él me decía que luego a la noche vendría “a ver la cinta” (por la película) y se las vio a todas. Se sentaba en la mitad de la escalera al palco o en el palco mismo.
También asistía a los bailes del Centro Criollo El Talero y a cuanto evento había.
Cada tanto viajaba a San Martin a visitar a sus parientes y se lo comentaba a sus conocidos con su lenguaje entre cortado; “me voy pa´Sa Matin”… Los guardias del tren lo conocían y viajaba gratis.


Hombre servicial y siempre a disposición para vivir de las changas y los mandados. Siempre había algún bolichero caritativo que le regalaba el pebete de jamón y queso, una coca o un vaso de vino tinto.
No se perdía ningún espectáculo, siempre presente en los parques de diversiones y en los circos que llegaban al pueblo. Recuerdo en una oportunidad, en la década del ´60, cuando llegó uno que tenia “la vuelta al mundo”. La gigantesca rueda se detuvo en la parte más alta y él tranquilo, allá arriba disfrutando como un niño. También lo recuerdo sentado en el gallinero para ver la función de todos los circos. Por supuesto era tan famoso, que la entrada siempre iba gratis.
El único vicio que le conocí era mascar tabaco. Siempre con “la chica” en la boca y le gustaba el tinto pero jamás molestaba a nadie.
Hombre de pocas palabras pero si alguno le sacaba conversación, respondía aunque con alguna dificultad en su habla.
Característico con su gorra de visera. Vestía un viejo saco gris y en invierno un sobretodo negro que alguno le regaló.
Y ya más viejo, con el paso de los años, entrada la década del ´80, ya no caminaba por las veredas como antes, sino con el bastón en el que se apoyaba. Su saco estaba rotoso y su gorra sucia de tierra. Me parece que lo veo, masticando angustias, chicando el infortunio, tan patético como grandioso, irradiando la infinita ternura que se notaba en sus claros ojos tristes. Me mira y se sonríe, ese era “Milonga”, Aníbal Nieves.
Se nos fue un día, precisamente un 10 de Noviembre de 1989 a la edad de 72 años. Nos quedaron sus recuerdos, sus andanzas. Siempre alguna mención en el inconsciente colectivo de memoria de todo buen limeño, alguna foto que se ilustra en casi todos los boliches del pueblo y una placita en el barrio Mataderos –su barrio- en calle 8 esquina 3, que lleva su nombre.

Texto de Cacho Gonzales y correcciones de Mauro Carballo.

 

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